JOYERA POR NATURALEZA

Adriana Guelfi

Por Camila Galfione

Adriana Guelfi Herrera es una poeta innata, una artista sensible y una amante de la naturaleza y el detalle, cuya esencia se ve reflejada a través de su gran pasión: hacer joyas.

Porque crear la hace feliz, porque lo siente en lo más profundo de sí misma, y porque llegó a una etapa de su vida en la que tiene la oportunidad de otorgarle todo el tiempo del mundo a su amor al arte, es que la artista se propuso realizar joyas para exponer, meta que logró el pasado siete de septiembre en la galería de arte contemporánea 62 80, lanzándose de esta manera, a hacer lo que más le gusta.

Naturaleza muerta, viva, como el famoso cuadro de Salvador Dalí, se llamó la muestra en la que expuso aproximadamente ciento cincuenta de sus joyas como pequeñas obras de arte. La misma estuvo dividida en cinco colecciones: Naturaleza, Flores, Stars, Algas y Piedras, catalogadas en dos díadas opuestas: la naturaleza viva y la naturaleza muerta.

Unos meses antes de la exposición, Adriana le abrió a Dress las puertas de su inspirador estudio,donde se dio a conocer en su espacio más creativo y esencial. Importantes libros de arte, un inmenso ramo de aromos amarillas, sus revistas de diseño preferidas, una pared como tablero conceptual de sus creaciones y un rayo de sol dorado que entraba con el atardecer al espacio blanco y etéreo con detalles de colores vibrantes, son solo algunos de los elementos que le dan a su lugar, un halo místico y armonioso.

No pudimos evitar preguntarle en qué etapa de su vida comenzó a cultivar el arte. Nos contó que se crió en una familia de artistas, con tíos y primos pintores y una cuñada que fue escultora. También que a muchas de las mujeres de su familia les gustaba hacer arreglos florales y que siempre le fomentaron las artes y el valor de la estética tanto en la casa como en la escuela.

Adriana siempre se movió por el rubro del arte y el diseño. Estudió Diseño Corporativo en Buenos Aires y luego Diseño de Packaging en Nueva York, lo que la llevó a sentirse más que uruguaya, una ciudadana del mundo. Después de hacer un curso de joyería, decidió volver a cruzar el charco para fomentar la parte creativa en joyas en el taller de María Médici en Palermo, al cual asistió por tres años, yendo y viniendo cada quince días por suma vocación.

Tanto su amor por las artes y las joyas, como su curiosidad por el aprendizaje, la llevaron a emprender su marca, bautizadacon su propio nombre. El metal sin pulir es uno de sus sellos característicos, evidenciando así, que todo es hecho a mano, rasgo que además la diferencia de las joyas estandarizadas.

Los modelos son pocas veces repetidos, y Adriana nos cuenta que no puede contenerse en darles a algunas de las piezas repetidas, un toque distintivo, convirtiéndolas así en diseños únicos. Afirma que sus joyas no son para nada clásicas y que hay para diversos gustos.

La naturaleza y el color son lo que más caracteriza a Guelfi Herrera, quien asegura estar feliz haciendo lo que más le gusta. Comparte con Dress que su sueño sería vender sus creaciones en una tienda en París o poder diseñar piezas para grandes firmas.

El packaging, diseñado por Florentina Print, sorprende en su interior con un colorido estampado. Igual sorpresa causó la original manera en la que se exhibieron las piezas el día de su lanzamiento.

Aquellos que hacen las cosas por afición y con amor, obtienen resultados auténticos. Fue un placer para Dress poder sumergirnos en el arte de esta encantadora persona que pone tanto empeño en cada joya que realiza.

Quisimos finalizar esta nota, compartiendo el poema escrito por Guelfi Herrera, que utilizó como punto de partida para su colección Naturaleza y que capta la esencia de su vocacional trabajo.

Cortezas, hojas, flores, coquitos, vainas,
semillas, mariposas, plumas, mejillones.

Inspiración pura.
Naturaleza muerta.

Tesoros recogidos de caminatas otoñales,
de corridas por la playa,
de travesías por las rocas,
de tierras lejanas,
del vaivén de las olas…
De mi imaginación.

Naturaleza viva que muere
para sustentar la que viene brotando.

Ciclos que se repiten,
que se renuevan,
que se inmortalizan en pequeñas joyas.